Abigeato: PRIAR y Prefectura refuerzan los controles en la costa de Santo Tomé
El abigeato no da respiro en el Noreste de la provincia y tornó en zona caliente a los campos ubicados en cercanías de la costa del río Uruguay, desde Santo Tomé hasta Bonpland. Los ganaderos de la zona hace años que vienen reclamando por mayor seguridad, patrullaje y controles por parte de las fuerzas de seguridad provincial y nacional, a la vez que exigen que las causas también avancen en la Justicia. Pero todo ello no ocurre. Al contrario, desde agosto la situación se ha tornado mucho más peligrosa para los productores locales y sus familias.

En los últimos días, ganaderos de Santo Tomé y de los parajes Cuay Grande y Cuay Chico denunciaron nuevos ataques de cuatreros. La situación generó indignación e impotencia entre los ruralistas, que ya califican a la franja comprendida entre Santo Tomé y Bonpland como una "zona caliente", inclusive se atreven a señalar que se trata de una "zona liberada" para la delincuencia rural. Allí operan tanto bandas locales como grupos organizados que cruzan desde Brasil en lanchas con potentes motores fuera de borda.
Los casos más recientes muestran la brutalidad del delito: animales preñados faenados a la intemperie, vientres inseminados sacrificados, terneros perdidos y pérdidas económicas que se cuentan en millones.
Uno de los hechos más graves se registró en el establecimiento ganadero "Don Carlos", propiedad del productor y médico veterinario Álvaro Pellegrini.
En menos de una semana le carnearon diez vacas preñadas, con un perjuicio estimado en 13 millones de pesos. "Te matan seis o siete animales y se llevan un cuarto. No les importa si están con crías o si están preñadas", relató el productor.
Pellegrini calculó que en total ya perdió 18 animales en lo que va del año, con una pérdida acumulada de unos 18 millones de pesos. "Más allá de lo económico, lo que duele es el tiempo, el trabajo y la dedicación que uno pone, y encima el riesgo de encontrarte con esta gente armada dentro de tu campo", advirtió.
Según el testimonio de los productores, los cuatreros brasileños se mueven armados, con lanchas rápidas y total libertad para cruzar el río.
Lo insólito es que algunos campos afectados se encuentran a pocos kilómetros de puestos de la Prefectura Naval Argentina, pero los agentes reconocen que no cuentan con los recursos materiales suficientes para garantizar un patrullaje permanente, más cuando la zona fronteriza suele ser utilizada para el contrabando de todo tipo.
"Es desesperante lo que estamos viviendo en la costa del Uruguay. Esto está incontrolable, y en los últimos meses se potenció", insistió Pellegrini.
REACCIÓN OFICIAL
La magnitud del problema y los reclamos del sector finalmente -al parecer- tuvieron respuesta. Para ayer estaba convocada una reunión de urgencia de la que participarían responsables de fuerzas federales y provinciales. Con el transcurrir de las horas, trascendió que efectivos de la Policía Rural y Ecológica de Santo Tomé y la Prefectura Naval Argentina reforzarán sus recorridas y controles en la zona costera.
Los operativos se harán de manera conjunta: la Policía Rural se encargará de los patrullajes por tierra, mientras que Prefectura intensificará la vigilancia por agua. Además, se adelantó que en las próximas horas se sumará personal de Gendarmería Nacional para ampliar la cobertura de control.
Desde el área de Seguridad Rural de la Provincia se destacó que se trata de una acción coordinada que apunta a "disminuir la presencia de extranjeros y garantizar mayor prevención en las costas argentinas".
Lejos de tranquilizarse, los productores aseguran que las medidas llegan tarde y que la zona lleva años siendo un blanco de abigeato. "Históricamente esta frontera fue atacada. Antes eran grandes matanzas de hacienda. Hoy los ataques son constantes y con un nivel de violencia que preocupa. Nos cuesta tres años preparar un vientre y en una noche lo perdemos todo", lamentó un ganadero de la zona.
La sensación de desprotección es generalizada. Muchos aseguran que se sienten solos frente al accionar de los cuatreros y que dependen de la suerte para no cruzarse con ellos durante una recorrida.
Productores ganaderos de Santo Tomé volvieron esta semana a levantar la voz ante una situación que, lejos de ser nueva, arrastra más de medio siglo sin solución. El abigeato y la faena clandestina golpean con fuerza a la región, particularmente en la costa del río Uruguay, donde los campos colindan con Brasil y se convierten en blanco de bandas locales y extranjeras.
El presidente de la Sociedad Rural de Santo Tomé, Marcos Grisetti, describió en declaraciones a Radionord un escenario que se agrava día tras día. "Acá la situación está muy complicada", advirtió. Y agregó: "Es un problema histórico que viene desde los años ‘70. Nunca tuvimos una solución eficiente. Los campos de la costa no se pueden usar y ni siquiera se puede hacer uso recreativo de esas tierras en las estancias que dan al río".
Grisetti explicó que los robos no se limitan a la periferia urbana sino que también afectan a parajes rurales como Desiderio Sosa. Pero la zona más castigada sigue siendo la franja ribereña. Allí, productores y sus familias viven en estado de alerta permanente.
"Se vive con miedo, y así no se puede producir", sostuvo. La situación no sólo erosiona la rentabilidad del sector ganadero sino que también afecta a la vida cotidiana de los pobladores rurales, que sienten la amenaza constante de los cuatreros.
Álvaro Pellegrini, médico veterinario y productor del paraje Cuay, sumó su voz en diálogo con radio LT7. Su relato muestra la crudeza del problema: "Te matan una vaca, se llevan un cuarto o una paleta y dejan el resto tirado. Estamos en plena época de parición, mueren la madre y el ternero. Con lo que cuesta producir en Corrientes es lamentable".
Según contó, los ataques ocurren incluso a plena luz del día. Los delincuentes utilizan embarcaciones rápidas para transportar la carne faenada hacia el lado brasileño, principalmente a San Borja (Brasil).
Más aún, reveló que en los últimos tiempos se han visto drones sobrevolando los campos, lo que alimenta la sospecha de una organización más compleja detrás de los hechos.
El riesgo de que los propios productores intenten defenderse preocupa. "No somos policías. No podemos andar armados porque ponemos en riesgo la vida del personal y la nuestra. Para eso están las fuerzas de seguridad", remarcó Pellegrini. Y pidió que la Prefectura cuente con equipamiento adecuado para frenar los ataques.
Los relatos de los productores reflejan la fragilidad de la seguridad en la frontera correntina. Cada animal perdido significa meses de trabajo, inversión en genética y alimentación. Cada faena clandestina deja tras de sí no sólo pérdidas millonarias, sino también la sensación de vulnerabilidad.
"Es desesperante ver cómo se llevan todo lo que uno construyó con esfuerzo. Y peor aún, tener que vivir con miedo en tu propia tierra", expresan los ganaderos.
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